2 giugno 2011

scintilla?

il blog versa ormai in uno stato di abbandono semi-definitivo. Per dargli una piccola speranza di vita copio e incollo la versione in spagnolo dell' articolo sull' emergenza idrica in sudamerica che ho scritto l' anno scorso. Questa é la versione pubblicata del giornale spagnolo "El diagonal".


Crisis hídrica y energética afecta a varios países latinoamericanos
(noviembre 2010)


"Hay gente que se pone a cantar en el baño media hora. ¿Qué comunismo es ése? Yo lo he contado: tres minutos es más que suficiente, no quedo hediondo, se lo garantizo. Un minuto para mojarse, otro para enjabonarse y el tercero para enjuagarse. Lo demás es un desperdicio”

El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien explica a sus conciudadanos cómo ahorrar en el consumo de agua para la ducha es quizá, el único aspecto divertido de la grave crisis climática que está afectando a la mayoría de los países de Centro y Sudamérica. Y que, ducha a parte, está teniendo efectos dramáticos.

Técnicamente, responsable de la sequía que está afectando a Guatemala, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, es un sistema de alta presión conocido como "Alta Subtropical del Caribe": este sistema crea corrientes cálidas que impiden llegar a los niveles de humedad que normalmente dan lugar a la condensación y luego a la precipitación.
Es decir: no llueve y no llueve desde hace varias semanas.

Las nubes que cada día a las cuatro de la tarde, desde el Océano Pacífico suben los Andes y oscurecen el cielo de Quito sí son grises, pero no lo suficiente. Se van, llevadas por el viento, sin perder una sola gota. Y por la noche, el cielo nuevamente es estrellado y presagia una mañana soleada y cálida, con temperaturas que llegan a los treinta grados.
La humedad se ha reducido en aproximadamente un 25%, en comparación con los promedios estacionales: la humedad relativa es del 60%, y hasta que no sea superior al 70% no se puede formar el tipo de nube que trae la lluvia (datos INAMHI)
Los datos de precipitación sobre el territorio ecuatoriano para el mes de octubre son alarmantes y la tendencia es aún peor para la primera quincena de noviembre: la sequía está afectando de forma más grave la zona costera y la región andina.
En toda la costa el porcentaje de disminución de lluvias en comparación con el promedio estacional es entre 90 y 100%, es decir, ni una sola gota de lluvia. Y en la región andina los datos son muy similares, sobre todo viendo las estadísticas del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrografía (INAMHI) para la primera mitad de noviembre. Estos son los datos de las principales ciudades andinas de norte a sur: Otavalo -99%, Quito -96%, Ambato -93%, Cañar - 100%, Cuenca -80% y Loja -72%.
Para encontrar una sequía tan grave hay que sacar del polvo los registros meteorológicos de hace cuarenta años.

Es interesante el dato que se refiere a Paute, un pueblo cerca de Cuenca: -97%.
En los últimos veinticinco años, la central hidroeléctrica de Paute, la más grande del país, ha cubierto el 65% de la demanda total de energía del Ecuador. En el mes de noviembre, el nivel del agua del embalse ha llegado a su mínimo histórico: 1968 metros sobre el nivel del mar, cuando el límite técnico de funcionamiento se encuentra solamente 8 metros más abajo, a 1960 m. De las diez turbinas, que normalmente operan en la central, hoy se pueden usar, como mucho, una o dos.
El presidente Rafael Correa ha declarado el estado de emergencia del sector energético: las medidas tomadas consisten en el aumento de la producción de energía en centrales térmicas a través de la importación de 700 mil barriles de diesel de Colombia y Venezuela y la importación de electricidad de Colombia y Perú. Pero los dos países fronterizos, a su vez, han de limitar las exportaciones, ya que se encuentran en condiciones de sequía similares al Ecuador.
Es más: el plan de racionamiento incluye recortes en el suministro de energía eléctrica durante cinco horas diarias en Quito y hasta ocho horas en Guayaquil. Las predicciones climáticas hacen pensar que la crisis energética tendrá una duración de dos o tres meses, con gran alegría de los fabricantes de velas, cuyo precio casi se ha duplicado en las últimas semanas.

Los cortes de luz eléctrica son, sin embargo, sólo un efecto a corto plazo de una crisis hídrica que puede tener consecuencias aún peores a medio plazo.
Lo más preocupante para el futuro próximo es el dato de balance hídrico, un valor que tiene en cuenta el aporte de agua a la tierra a través de la lluvia y la pérdida por evapotranspiración.
Las precipitaciones son prácticamente nulas y las proyecciones del Instituto Nacional Meteorológico basadas en modelos climáticos no permiten esperar una mejora a corto plazo. Al mismo tiempo, las temperaturas están por encima de los promedios estacionales por valores entre 1 y 2,5 grados (INAMHI), y esto significa más evapotranspiración.
El balance hídrico es muy deficitario y seguirá así durante los próximos meses: la tierra está seca y se mantendrá seca.
En Ecuador acaba de terminar, con la cosecha, el ciclo agrícola corto, y ahora es tiempo de nueva siembra. Muchos agricultores ya han renunciado a sembrar debido a que la sequía no permitiría la germinación de las semillas. La producción agrícola va a ser particularmente baja en los próximos meses y los precios de frutas y hortalizas en los mercados ya están subiendo.
Peores aún son las perspectivas de la ganadería: los pastos ya están secos y no proporcionan cantidades adecuadas de alimentos para el ganado. Disminuirá la producción de leche, carne y productos lácteos y consecuentemente subirán los precios.
En la práctica, ocurrirá en el Ecuador lo que ya está ocurriendo en otros países de América Central y del Sur.

En Bolivia se ha declarado el estado de emergencia nacional: la sequía comenzó ya a finales de julio y no hay previsión de lluvia hasta la segunda mitad de diciembre. Al mismo tiempo, se está registrando un récord histórico de temperaturas máximas, hasta 49 grados en el Chaco. Las zonas más afectadas son, precisamente, la región del Chaco y la del Altiplano.
En las últimas semanas ya han muerto once mil cabezas de ganado por falta de agua y alimento: los pastos están completamente secos.
Es todavía una cifra ridícula si se compara con las previsiones: la ministra de Tierras y Desarrollo Rural, Julia Ramos, anunció que hasta 2,5 millones de cabezas de ganado, incluyendo vacas, ovejas y camélidos, se encuentran en riesgo de morir por la falta de agua. La seguridad alimentaria del país está en grave peligro.
Incluso el agua para el consumo humano comenzó a faltar: la combinación de bajas precipitaciones y exceso de calor no solamente afecta a las zonas rurales sino también a las áreas urbanas.
En la ciudad de Potosí se anunció el racionamiento de agua potable y en La Paz la empresa de agua pública está promoviendo una campaña para el uso racional del agua para evitar el racionamiento en el futuro próximo. Las reservas de agua ya han disminuido en un 75%.
Sólo en la región de La Paz, 23 mil familias han perdido sus cultivos de papa, habas y quinua, y hasta que no lleguen nuevas lluvias será imposible iniciar la siembra.
Incluso el lago Titicaca se ha convertido en un símbolo de la sequía: el nivel del agua ha bajado de 4,5 metros respeto al nivel medio y seguramente se superará el récord histórico de 5 metros registrado en 1943.

La situación en otros países del continente no es menos grave.
En Caracas ya se está racionando el agua potable y también continúan los apagones: los cortes de luz llegan ahora a 50 horas por semana.
En Colombia el gobierno aún no ha tomado medidas de racionamiento de la energía, pero pidió a la gente y las empresas disminuir al máximo posible el consumo de electricidad.
En Guatemala, a causa de la crisis en la producción agrícola debida a la sequía, han muerto alrededor de 500 personas.
También en Costa Rica y Nicaragua se están perdiendo miles de hectáreas de cultivos.
En Argentina, en las provincias de Córdoba y Catamarca, en más de cincuenta años no se ha visto una sequía tan grave: también en esta región el agua potable es racionada y la agricultura y la ganadería están sufriendo grandes pérdidas. En general, la falta de lluvias está afectando unas diez millones de hectáreas, es decir, un tercio de la superficie cultivada total del país.

Si una de las manifestaciones más evidentes del calentamiento global es el aumento de la intensidad y frecuencia de eventos climáticos extremos, entonces la sequía en Centroamérica y América del Sur confirma la regla, siendo solamente una de las caras de la misma moneda.

Mientras que en algunas regiones del continente no llueve desde hace meses, en otras la lluvia mata.
A principios de noviembre, el huracán Ida llegó a El Salvador, causando 130 víctimas, 168 casas destruidas y 1400 casas en peligro de colapso. Un total de 10348 personas han sufrido daños por el huracán.
La frecuencia y la intensidad de los huracanes en América Central están aumentando de manera constante en los últimos años.
No hace mucho, la ambientalista india Vandana Shiva, en una entrevista, declaró que era injusto que a los huracanes más devastadores se les diera nombres inocentes de mujer: en su opinión, a los huracanes se debe dar el nombre de las grandes transnacionales que están causando el cambio climático.

Los expertos relacionan la grave sequía actual con el fenómeno de El Niño, un evento climático de ciclo irregular que se debe al calentamiento de las aguas del Pacífico Oriental Tropical. Según estudios recientes este año el Niño será particularmente intenso, ligeramente más débil respeto al de 1998 que tuvo un impacto devastador en el continente americano.
El Centro Meteorológico Nacional de los Estados Unidos ha anunciado que los estudios dinámicos sugieren que la intensidad de El Niño continuará aumentando hasta alcanzar un pico entre marzo y abril y que los efectos se prolongarán hasta el invierno de 2010. El Niño es un fenómeno que tiene efectos a escala global: es probable que el año 2010 será muy caliente para todo el planeta.
El temor es que al periodo seco que se está manifestando ahora le suceda un período de lluvias muy intensas, tornados y huracanes, como los que en 1998 golpearon varias regiones de Centro y Sur América con efectos dramáticos.

Impecable desde un punto de vista teórico, la correlación de la actual sequía con el fenómeno de El Niño es peligrosa en cuanto a estrategias y políticas a largo plazo.

Considerar la sequía solamente como un fenómeno episódico local vinculado a un evento climático impredecible, como es El Niño, conduce, como está ocurriendo, a tomar decisiones políticas de emergencia orientadas principalmente a amortiguar los efectos a corto plazo.
Se pierde, de esta manera, el discurso crítico sobre las causas a nivel global y sobre las estrategias a largo plazo en las cuales el agua debe ser considerada, al mismo tiempo, un recurso escaso y un derecho humano.

La falta de agua que en este período está afectando América Latina no es un fenómeno esporádico y aleatorio, sino un aspecto de la crisis mundial del agua. Y es a nivel local y global donde hay que evaluar las causas: la incorrecta gestión del agua y la modificación de los ciclos hidrogeológicos por el calentamiento global.
Los datos sobre la crisis del agua son conocidos desde hace tiempo y si la situación actual ya es alarmante, con más de mil doscientos millones de personas sin acceso adecuado al agua potable, el futuro se espera aun peor.
Si hoy se muere por falta de agua, en un futuro no muy hipotético por agua se podrá matar, si las guerras de hoy son para el oro negro, las de mañana serán para el oro azul.
No es una casualidad que las primeras muertes en una "guerra del agua" se han producido precisamente en Bolivia, en Cochabamba en el año 2000 durante la represión de las protestas populares que surgieron en contra de la privatización del agua potable.
En aquel tiempo el gobierno había aprobado una concesión que daba la propiedad de este recurso a una empresa privada, la estadounidense Bechtel, que poseía, entre otras cosas, la facultad de prohibir la recolección de agua de lluvia, que también era de su propiedad.

La experiencia de lo que está sucediendo en Ecuador y Bolivia en las últimas semanas también proporciona otro motivo de reflexión: crisis del agua y crisis energética no pueden abordarse por separado. De mano con el aumento de la población mundial la demanda de ambos recursos es cada vez mayor y las dos crisis están convergiendo.

Utilizamos enormes cantidades de agua para producir energía: el consumo de agua en sistemas de refrigeración de centrales eléctricas térmicas (petróleo, carbón, gas) y nucleares en los Estados Unidos sólo es superado por el uso en agricultura. También debemos considerar que con las actuales técnicas de extracción de petróleo se gastan hasta siete barriles de agua por cada barril de petróleo extraído.
Y los biocombustibles, que muchos consideran todavía una alternativa al petróleo, tienen varios efectos negativos sobre el medio ambiente, entre los cuales se encuentra el consumo de agua. Para su producción se requiere una cantidad de agua hasta veinte veces mayor que para la producción de gasolina.

Al mismo tiempo se consumen grandes cantidades de energía para la producción de agua potable: en la actualidad las estrategias para satisfacer la creciente demanda de agua se limitan al transporte de agua limpia de donde abunda a donde falta y la purificación de agua no potable.
Ambas actividades implican altos costos energéticos.
El acueducto de California, por ejemplo, que lleva el agua de deshielo de las montañas a las sedientas ciudades de la costa es la más importante voz negativa en el balance energético del estado. Las tecnologías de desalinización de agua todavía implican un consumo de electricidad demasiado alto. Electricidad que, a su vez, todavía procede principalmente del petróleo.
Un círculo vicioso.

Una política que considere las dos cuestiones como separadas e independientes no puede tener éxito: responder a la mayor demanda de agua mediante la producción de grandes cantidades de agua potable no es sostenible en términos de energía. Al mismo tiempo consumir más agua de lo que ya se está haciendo para la producción de energía quiere decir dejar sedienta una población mundial que ya muere por falta de agua.